Qué quieres que le haga, soy así... prefiero disfrutar de esos pequeños placeres. Yo soy más de poner caras feas para las fotos y partirme al verlas, o de rebañar con el dedo. Me encanta encontrarme pipas peladas al final del paquete y ver caminar a una pareja de abuelitos cogidos de la mano. Intercambiar un bocado de mi bocadillo. Disfruto el día que recupero la voz después de estar afónica y el sonido de la madera al crujir bajo los pies. Amo los polvitos que quedan cuando acabas una bolsa de gusanitos y mi primer baño de verano. Soy de esas que intentan sacarle una sonrisa a alguien que no lo está pasando bien y que ven la luna desde su cama. Me encanta meterme en la cama después de un buen día, las cartas, el olor a gasolina o de rotulador permanente, pegarle un bostezo a alguien, que me susurre muy bajito al oído que me quiere y los fuegos artificiales. Disfruto las doce de la noche, moder el piquito del cono de un helado, pisar sólo la zona blanca de un paso de cebra, ver como se derrite una vela, comerme los lacasitos por colores, oler la ropa tendida, hablar delante del ventilador, rascarme la marca que me dejan los calcetines, ver que me quedan cinco minutos de clase. Me hace feliz hacer equilibrio en el bordillo de la acera, romper el papel de un regalo, hacer pompas con chicle, un abrazo de mi abuela, lamer las tapas de los yogures, cortar etiquetas de cosas sin estrenar, comer cola-cao a cucharas , ver que hay niños que siguen haciendo lo mismo que hacía yo de pequeña, saborear una gominola hasta que desaparece, ver cómo se hincha una bolsa de palomitas en el microondas, encontrar nuevos huecos fríos entre mis sábanas, hacer fotos a gente riéndose cuando quieren salir posando y les he hecho reír, el papel de la fotocopiadora cuando aún está caliente, recibir un mensaje inesperado, el olor de los libros nuevos, el día antes de hacer un viaje...
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